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Banco de Bogotá en Colombia: opiniones de usuarios
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89 comentarios
Datos de las opiniones publicadas
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Distribución de puntuaciones
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Me niegan una copia de mi propio contrato. Inaudito.
Excelente sede: personal atento, tiempos cumplidos y el asesor explicó todo sin apuros.
Me cobraron una comisión por movimiento de cuenta que ni el asesor supo explicarme. La respuesta cómoda: reclame. Llevo dos.
El certificado de retención salió con cifras equivocadas y ya llevo dos visitas para corregirlo.
El cajero se tragó mi tarjeta sin explicación y la reposición demoró una semana. Mi hijo se quedó con las compras a medias.
Las cosas funcionan a medias aquí: la plata entra, pero la atención no llega casi nunca.
Actualicé mi dirección en la app y los envíos de correspondencia siguieron llegando al lugar anterior; documentos con mis movimientos quedaron expuestos en una portería donde ya no vive nadie. Cuando reclamé, se limitaron a decir error de sincronización. Mi privacidad no es un error de sincronización.
El crédito de vivienda: nos preaprobaron según ingreso y capacidad. Invertimos en estudio de títulos, certificados y desplazamientos durante tres meses. Al final: negación por política interna de riesgo del sector. ¿Y las garantías? Ninguna. ¿Y el tiempo y la plata invertidos? Perdidos. Así no se maneja el proyecto de vida de nadie.
Tres visitas a la oficina para aprobar un crédito de vehículo: en la primera, faltó la carta laboral que nunca me pidieron por escrito; en la segunda, el sistema estaba en actualización; en la tercera, el comité no sesionó esta semana. Mientras, el concesionario me avisó que la promoción del carro vencía. Detalle: yo llegué con la carpeta completa cada vez.
La línea de WhatsApp del banco responde con mensajes que empiezan hola, entiendo tu frustración. La máquina tiene mejores modales que soluciones.
El servicio presencial es bueno; el digital, torpe. Uno termina usando ambos por culpa del otro. Regular para arriba.
Sobre las comisiones de la tarjeta de crédito: cobraron cuota de manejo doble en un mes por cambio de facturación y luego me exigían pagar mora por el saldo que ellos mismos inflaron. La reversión iba a tardar un ciclo de facturación, que resultó siendo casi dos meses. Cuando uno trata de buena fe, paga; cuando quiere corregirle los errores al banco, dura el doble.
Bloqueo preventivo de la tarjeta en el exterior cuando estaba de viaje: entiendo la seguridad, lo que no entiendo es que para desbloquear me pidieran llamar a una línea de lunes a viernes de 8 a 5, hora de Colombia, cuando yo estaba en otro huso. Resultado: pagué todo en efectivo, como en los años noventa. Y la tarjeta, intacta, bloqueada por ellos hasta mi regreso.
El personal amable no compensa el desorden: en la misma oficina, dos funcionarios me dieron dos versiones sobre la misma tasa. Cuando pedí que me confirmaran por escrito, demoraron una semana y el documento llegó con otra cifra. Uno siente que le esconden algo.
El reloj de la oficina dice 8:00 a 4:00, pero el cajero cierra a las 2:30 para cuadrar. Uno planea el día y termina en la fila del mediodía como castigo. Ya van tres veces.
La única forma de que respondan es por redes sociales, en público. Ahí contestan en tres horas y por interno resuelven. Por los canales privados: semanas. Qué triste que el cliente tenga que exhibirlos para que actúen.
Cuatro oficinas para un solo trámite. Maratón sin medalla.
Nunca pensé escribir esto, pero qué mala experiencia con la reclamación de un cobro duplicado. Detalle: en noviembre detecto el cobro doble en el extracto; en diciembre radico reclamo con soportes y me dan 15 días; en enero, respuesta: cobro procedente, sin pruebas concretas; en febrero voy a la oficina, me atienden bien, pero el caso solo lo maneja la central; en marzo pongo queja ante la autoridad y envío copia al banco; en abril me llaman a ofrecer devolución del 50% como gesto comercial; exijo el 100% con intereses; en mayo devuelven el total, sin intereses y sin disculpa. Siete meses de vida de un cobro que era su error. Ese es el precio que el banco pone a su propia negligencia: que el cliente se canse.
El turno preferencial aquí no existe, la verdad.
No ha sido la peor experiencia, pero está lejos de ser buena: personal correcto, procesos digitales flojos y una sensación constante de que el banco no está de tu lado cuando algo sale mal. Para lo básico sirve.