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Banco Agrario en Colombia: opiniones de usuarios
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103 comentarios
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La fila de la pensión da la vuelta a la cuadra, insoportable.
Excelente atención para el crédito: explicado con mucha paciencia, sin sorpresas.
Para las ayudas del adulto mayor habilitan solo una caja y sin prioridad real. Los abuelos esperan de pie horas enteras.
Muy buena atención, el trámite salió completo en una sola visita y sin filas largas.
El asesor de crédito muy cumplido: me llamó cuando dijo y me explicó las cuotas con calma. Falta infraestructura, eso sí, porque el salón de espera no tiene ni aire.
Opera bien para lo básico, pero las colas son un drama.
Mi hija intentó trasladar la libranza desde otra entidad: pidieron carta de saldo, certificado laboral, autorización nueva, y cada visita pedían algo más que faltaba. Cuando por fin aceptaron los papeles, el sistema no permitía radicar. Otro mes esperando, con los descuentos corriendo por allá.
Quiero reconocer a la oficina por el manejo del desembolso: cumplieron la fecha, los papeles fueron sencillos y me acompañaron durante todo el proceso. Hacía años no me sentía tan bien atendido en un banco.
Me devolvieron un recibo sin sello y toca volver mañana a hacer la fila otra vez.
Vengo a contar lo que pasa con los cajeros de la red: de los tres que hay en el municipio, dos llevan meses fuera de servicio y el que queda se queda sin efectivo desde temprano, sobre todo los fines de semana. Eso significa que quien necesita plata un domingo tiene que viajar al pueblo vecino o aguantar la fila del lunes con todo el comercio encima. Llamé a la línea de atención para reportar el cajero dañado y me dieron un radicado que nunca sirvió; volví a reportar y me dijeron que había mantenimiento programado. Ya van cuatro meses. Mientras tanto, los adultos mayores del sector son los más afectados, porque son ellos los que menos manejan aplicaciones y más dependen del efectivo.
El sistema de turnos está diseñado para que uno desista: llegan los pagos de la semana, hay dos cajas y decenas de personas. A los mayores los tienen de pie, abanicándose con lo que encuentran. Una señora se desmayó el mes pasado y solo le dieron agua de la llave. Que yo sepa, nadie respondió por eso.
Necesitaba la certificación de la cuenta para un trámite notarial y me la negaron por protección de datos, aunque la cuenta es mía y llevé la cédula. Toca rogar por un papel que debería estar a un clic.
Tres horas para un pago, sin sillas y con un solo cajero.
Siento que cada visita es una lotería: si está el sistema, todo bien; si no, vuelva mañana. El lío es que uno organiza la semana para ir y la respuesta siempre es la misma.
Me cobraron dos veces la cuota de un seguro de protección de la libranza. Ya pedí la reversión y siguen tramitándola.
Voy a contar cómo terminé perdiendo un negocio por culpa de un certificado. Pedí una certificación de saldos para firmar un contrato de arriendo: me dijeron que en tres días hábiles. Volví el cuarto día y no estaba; el quinto tampoco. El asesor que me había atendido salió de vacaciones y nadie retomó el caso. Radié una queja, me dieron un número y una promesa de respuesta en quince días. Al décimo día llegó la certificación, con un error en el nombre que tocó corregir en otra ventanilla. Para entonces el local ya estaba arrendado a otra persona. Todo por un papel que se tramita en cualquier lado en una mañana. La atención en la oficina es amable, no lo niego, pero así como van las cosas uno no puede contar con ellos para nada importante.
Buena atención, aunque el cajero se queda sin plata los viernes.
El datáfono de la ventanilla lleva una semana malo y nadie lo reemplaza.
Presenté toda la carpeta para un crédito de vivienda, con avalúo pagado con mi plata. A los dos meses me respondieron que la solicitud perdió vigencia por un cambio de política. Del avalúo, nada; de la carpeta, la mitad se extravió. Insistí por escrito y me contestaron con una carta genérica de saludo. Ni siquiera tuvieron la decencia de llamarme personalmente.
El turno preferencial de mi mamá lo pasaron de último porque había mucha gente. ¿Entonces para qué existe el preferencial?