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Banco Agrario en Colombia: opiniones de usuarios
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La atención en ventanilla ha estado bien últimamente; los turnos salen a buen ritmo. Lo que no mejora es el parqueadero: siempre lleno y toca dejar el carro a varias cuadras.
Pésima orientación: cada funcionario responde una cosa distinta.
Pesimo: media mañana esperando y al final el sistema caído.
La oficina del barrio ya nos conoce de años y eso se siente: me ayudaron a organizar el ahorro programado y me explicaron los rendimientos con calma. Ojalá abrieran más puntos porque este queda muy solo para la demanda que tiene.
El servicio mejoró mucho este año: procesos más rápidos, personal más atento y una app que por fin sirve para lo básico. Falta que arreglen las sillas del salón de espera, que están todas vencidas.
El crédito lo condicionaron a comprar un seguro para el tractor y la cosecha, por política. Averigüé y para ese tipo de crédito no era obligatorio, así que lo rechacé. Desde entonces la solicitud anda en un limbo: ni negada ni aprobada. Llevo siete semanas esperando y la fecha de compra de insumos ya pasó. Así funciona esto: si no aceptas lo que te meten de más, te congelan el proceso.
Desde que abrieron el punto nuevo acá cerca, la oficina grande quedó desordenada: remiten a la gente de un lado a otro y nadie sabe con certeza dónde quedó cada trámite. Pasé por un certificado y me mandaron a dos sedes para lo mismo.
No es el peor banco, pero tampoco el mejor. La atención en caja es lenta y el personal no da respuestas completas. Al final uno se resigna y hace todo con tiempo, porque rápido no es.
Pedí una cita para crédito y me la movieron tres veces por agenda. Cuando por fin me atendieron, el asesor no conocía los requisitos y los fue inventando sobre la marcha; tuve que volver con documentos que nunca me pidieron. Al final el comité negó la solicitud sin explicación escrita. Mes y medio perdido para un no.
Muy buena la asesoría del funcionario de crédito: claro, paciente y sin enredos raros.
Sirve para lo básico, pero las filas siguen siendo el karma de esta oficina.
Cada mes lo mismo con el auxilio: toca madrugar para alcanzar turno porque solo abren dos cajas y la gente llega desde las cinco de la mañana. El personal hace lo que puede, pero la logística no da abasto para tanta gente.
Dos visitas y ninguna solución para un error de la entidad.
El crédito de libranza con ellos fue una pesadilla: me descontaron la primera cuota dos veces y, cuando reclamé, culpaban al pagador. Presenté los desprendibles de nómina y ni así. Cada vez tocaba empezar de cero con otro asesor, porque los casos no quedaban documentados. Devolvieron la plata a los dos meses, cuando ya se había vencido mi plazo del arriendo.
Solicitar un crédito aquí es una carrera de obstáculos: primero el estudio, luego el comité, después que faltó la firma del codeudor. Al final de todo eso me respondieron que volviera en tres meses porque el sistema los tenía bloqueados. Uno queda sin palabras.
Fui por el pago del auxilio y me dijeron que mi cédula no coincidía con el sistema. Resulta que ellos tenían un dígito cambiado desde hacía años y yo ni sabía. Se perdió el día entero entre verificar y corregir, y encima la señora de ventanilla me trató como si el error fuera mío.
Atención muy rápida para reponer la libreta: me atendieron sin cita, en menos de media hora y sin cobros adicionales. Gracias.
Salí con el turno 87 a las nueve de la mañana y me atendieron después de las once, para una consignación de cinco minutos.
El giro de ayuda humanitaria fue una odisea: primero que no había llegado, después que estaba en verificación, y en ventanilla cada funcionario decía una fecha distinta. Mi mamá, que es adulta mayor, tuvo que venir cuatro veces. Cuando por fin le pagaron, le pidieron firmar un papel que ni le leyeron. Esto no se le hace a la gente.
La cobranza llegó por una tarjeta que yo había reportado cancelada años atrás. En vez de revisar el historial, me reportaron a Datacrédito y me bloquearon otros créditos que estaba tramitando en almacenes. La respuesta de la entidad: es su palabra contra el sistema. Toca pagar abogado y perder credibilidad por un error de ellos.